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escEstá comprobado que la mayor parte de los proyectos no caen por falta de recursos sino por conflictos personales o por falta de motivación. Esta realidad también se cumple en los proyectos de innovación.

Los métodos para que las ideas se encarnen son muchas veces contra-intuitivos. Se requiere ‘compromiso creativo’ para cimentar hábitos personales que puede resultar difícil adquirir, como por ejemplo evitar saltar de intuición en intuición, o esconder las ideas por miedo a críticas prematuras. El líder de un equipo de innovación debe definir y desarrollar los hábitos organizativos que hemos visto en el post anterior, pero también debe crear los hábitats adecuados para motivar frente a los obstáculos y enseñar a no rendirse.

De los obstáculos externos ya hemos tratado. Pero, paradójicamente, suelen ser aún más poderosos los obstáculos internos: las propias limitaciones, la escasez de tiempo y, sobre todo, la distancia a los resultados finales. Aquellas ideas que superan la excitación de la luna de miel corren el peligro de ser olvidadas porque sólo las conoce quien las ha concebido. Incluso un individuo muy entusiasmado con una idea, debe lidiar con las exigencias productivas del aquí y ahora de la agenda operativa. En la mayor parte de las empresas mantener a la vez una agenda operativa y una agenda creativa exige mucha tenacidad. Además, puede conducir a una especie de doble vida que agota, de manera que hasta las ideas más brillantes van quedando abandonadas a lo largo del camino. Ahí es donde el liderazgo resulta tanto o más necesario que en la estrategia, el diseño de la estructura o la decisión de seguir invirtiendo en investigación. El coraje y la constancia dependen de la fuerza y convicción del líder, de la fe que tenga en su equipo.

Investigadores solventes como Kotter y Cohen, Hammel y Prahalad, o Bennis han demostrado que la calidad del liderazgo influye de manera contundente en la innovación porque influye directamente en el clima y la cultura de la organización. La creación de un contexto adecuado resulta capital, pues se convierte en requisito para atraer, motivar y desarrollar el talento creativo.

Por tanto, hábitos y hábitats. Entornos estimulantes que favorezcan la creatividad, que sean pacientes, que permitan experimentar y realizar ensayos fácilmente, que soporten los errores, que faciliten la colaboración y a la vez la concentración. Hábitats en los que podamos aislarnos cuando sea necesario y compartir cuando lo consideremos conveniente. Ecosistemas cooperativos en los que encontremos apoyo en los momentos difíciles e inspiración cuando estamos atascados. Ambas cosas proceden de las personas que nos rodeen, del equipo, no de las herramientas.

 

 

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