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Genios haberlos los ha habido, y probablemente -Dios lo quiera- los seguirá habiendo. Gracias a sus inesperadas y admirables aportaciones se han labrado una reputación mítica a lo largo de la historia de la humanidad.

Sin embargo, hoy en día los retos son tan complejos que la innovación parece escapar al alcance de genios solitarios. Por lo que se requiere un coordinado esfuerzo en equipo, con todas las dificultades que eso conlleva.

Si está bien diseñada e implantada, la colaboración en equipo proporciona feedback que mejora la idea del genio, la nutre relaciones, establece conexiones novedosas y, sobre todo, la provee de recursos, apoyo e inspiración. Es decir, las fuerzas de la organización pueden dar impulso y tracción a las ideas individuales.

El peligro estriba en que también puede ocurrir lo contrario, lo que George Lois denomina el “manoseo grupal”, que lleva a la deformación de la idea e incluso a su muerte prematura. Cuanto más numeroso sea el grupo y más inteligentes su miembros, más probabilidad de que surjan ‘abogados del diablo’ que echen al traste las ideas y, a la vez, más difícil producir algo realmente original y revolucionario.

Por otro lado, cuántos ejemplos tenemos de ideas aparentemente insensatas que -contra todo pronóstico- han logrado salir adelante por el empeño de un visionario totalmente contracorriente. Y han llegado a convertirse en inopinadas innovaciones. Si todos lo ven claro, es que tiene poco de novedoso. Pocos pondrán en duda la capacidad innovadora de Steve Jobs (que ha inventado varios sectores) y, sin embargo, es bien conocido que no actuaba como un líder democrático y de consenso, sino como un individuo con gran visión, indudable sentido estético y enorme tesón.

¿Cómo combinar, pues, la potencia que me da el trabajo en equipo con el respeto y promoción de las ideas individuales?

Se trata, sin duda, de una nueva tensión en el esfuerzo innovador, como aquellas que habíamos visto entre estructura y oportunidad. Aquí también el papel del líder va a ser crítico a la hora de discernir cuándo prima el genio creativo y cuándo debe darse paso al equipo. Es un aspecto sobre el que queda aún mucho por investigar. Como dice el entrenador en el fragmento de video que inserto aquí: “O sanamos como equipo, o moriremos como individuos.”

En este punto sólo puedo ofrecer mi mera una opinión personal. Considero que se debe trabajar en equipo principalmente en las fases muy iniciales del desarrollo, en aquellas en las que se fija el problema, se investiga, se analizan tendencias, se recoge información y se crea un primer esbozo de posibles soluciones. Todo eso avanzará más deprisa si se hace de forma colectiva. Sin embargo, a partir de ahí, debemos dejar obrar a las personas más creativas para que maduren, modifiquen y creen a partir de ese trabajo inicial. Más adelante, cuando el  esfuerzo creativo dé su fruto, será hora de volver al equipo para desarrollarlo, traducirlo en prototipos, probarlo e implantarlo.

Por tanto, hacer de la innovación una de las notas dominantes de la identidad organizativa supone mantener un difícil equilibrio entre la promoción de la creatividad individual y el establecimiento de equipos bien coordinados capaces de potenciarla, sacarle partido y traducirla en resultados para la sociedad. Y eso es tarea del líder.

 

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