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A Alvaro y a mí nos ha costado. Hemos tenido que luchar contra la inercia, la agenda y la prisa por pasar a otro asunto. Al fin y al cabo esto de la ‘holocracia’ parece otro palabro inventado por astutos consultores para generar una nueva moda y que se les abran las puertas de algunas empresas. Bien puede ser, pero nuestra intuición nos dice que hay algo más. Por eso hemos decidido frenar la inercia, apearnos de la prisa y husmear más a fondo en los sótanos de la holocracia, a riesgo de ponernos incluso pesados. Allá vamos de nuevo.

Después de habernos introducido en el concepto de holocracia, haber investigado sus orígenes etimológicos y haber vislumbrado sus posibles ventajas en tanto que solución organizativa, toca preguntarse cómo funciona, cómo se aplica a los casos reales. Es decir, ¿cómo lo implementó Medium (la plataforma de blogs fundada por los creadores de Twitter: Evan Williams y Biz Stone)? ¿Qué está haciendo exactamente Zappos?

Con frecuencia, para entender la naturaleza de algo complejo y sorprendente, conviene empezar por aclarar lo que no es. Muchas personas se han podido llevar la impresión de que holocracia significa romper con todas las estructuras, descabezar la empresa y establecer una especie de igualitarismo ingenuo y poco práctico que sólo puede conducir al caos y la anarquía. De hecho, el ruido mediático que se ha producido en torno a esta metodología se debe a una interpretación demasiado acelerada y bastante pobre que se refleja en titulares como: “Holocracia, sin cargos ni mandos” o “Zappos dice adiós a los jefes”.

De haberse quedado en eso, la holocracia hubiera pasado inadvertida entre la maraña de teorías e iniciativas organizativas -más o menos extravagantes- que se generan hoy en día. Pero que Tony Hsieh declarase que iba a implantar “el disparate” de la holocracia nada menos que en la prestigiosa Zappos llevó a muchos a mirar  apresuradamente y por encima de qué se trataba para publicar algo enseguida.

Al profundizar un poco, comprendemos que instaurar la holocracia no significa eliminar la jerarquía, sino que de hecho se basa en una jerarquía casi marcial, que se organiza en torno a círculos de distinto nivel. En buena medida, lo que se hace es sustituir los cargos por círculos. Éstos funcionan jerárquicamente en relación a otros superiores o inferiores: un círculo superior dicta a otro inferior cuál es su propósito y qué se espera de él. En el caso de que no cumpla las expectativas, tiene potestad para modificarlo, cambiar a sus miembros e incluso disolverlo. 

Cada uno de esos círculos opera internamente de manera abierta y democrática, pero su funcionamiento se rige por una serie de procesos muy definidos, como se explica en la Holacracy Constitution (v4.0). Así, por ejemplo, la manera de realizar las reuniones o la toma de decisiones están sujetos a procedimientos exhaustivamente detallados. En dicha constitución se hace hincapié en la supeditación de los círculos inferiores al propósito que les es marcado por los superiores. Por tanto, podemos decir que la holocracia es básicamente un conjunto de mecanismos jerárquicos internos que conectan círculos. Tampoco nos debe sorprender este énfasis en el carácter jerárquico de la holocracia porque, como ya vimos en el anterior post, el término deriva del concepto “Holoarquía” acuñado por Arthur Koestler, con claro significado jerárquico.

Nos queda por examinar cómo se forman los círculos, cuáles son las reglas que dictan su funcionamiento, los procesos de gobierno dentro de los círculos y cómo se coordinan entre ellos.

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