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La moderna Dirección Estratégica, en claro contraste con el resto de escuelas de management, centra su atención en el posicionamiento de la empresa en el entorno competitivo (algo que también aborda el enfoque contingencial, pero desde otro punto de vista) y en las decisiones estratégicas.

Las decisiones estratégicas tienen tres características esenciales:

  1. son importantes,
  2. comprometen recursos significativos, y
  3. no son fácilmente reversibles.

Así pues, vemos que la Dirección Estratégica, a diferencia de otras escuelas de pensamiento precedentes, se centra únicamente en un determinado tipo de decisiones: aquellas que comprometen recursos importantes y que vinculan a la empresa con su entorno.

Sintetizando mucho, podemos afirmar que el pensamiento estratégico gira en tono a cuatro elementos:

    • Objetivos sencillos, consistentes y a largo plazo.
    • Conocimiento profundo del entorno competitivo.
    • Valoración objetiva de los recursos y capacidades internas.
    • Puesta en práctica eficaz.

La tarea de la estrategia empresarial consiste en decidir cómo la empresa desplegará sus recursos y capacidades internas en el entorno competitivo en el que le toca jugar para satisfacer sus objetivos a largo plazo, y cómo organizarse para llevar a cabo con eficacia esa estrategia.

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