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La dirección por objetivos (DPO) contribuyó en su día a desplazar la atención que antes se ponía en actividades intermedias hacia los objetivos últimos de la organización. La DPO comprende las siguientes etapas:

a)      Directivos y subordinados se reúnen, identifican objetivos comunes y definen áreas de responsabilidad.

b)      El directivo se compromete a brindar apoyo, dirección y recursos para que el subordinado pueda trabajar con eficacia, orientado a alcanzar los objetivos acordados.

c)       El subordinado pasa a trabajar para la consecución de unas metas y obtiene los medios y recursos necesarios para alcanzarlas.

d)      Directivo y subordinado se reúnen periódicamente para evaluar conjuntamente los resultados obtenidos y el logro de los objetivos.

e)      A partir de la evaluación conjunta se retroalimenta todo el proceso (feedback).

En general, la DPO demostró durante los años sesenta y setenta ser una herramienta muy útil para hacer frente a la creciente presión para mejorar los márgenes y la eficiencia. En primer lugar, la DPO identifica un gap entre la situación actual (realidad) y la situación deseable (objetivo), de forma que genera una tensión positiva en toda la organización para alcanzar ese objetivo deseado. Segundo,  en la DPO los objetivos de cada departamento están subordinados a unos objetivos organizacionales comunes, de forma que cada departamento contribuye a alcanzar el propósito último de la organización a través del cumplimiento de sus objetivos particulares. Por último, la DPO contribuye a enfatizar la cuantificación, medición y control de resultados, lo que facilita las labores de la alta dirección.

La fijación de objetivos resulta clave en la DPO, por lo que se realiza conjuntamente entre la alta dirección y los subordinados. Algunos objetivos son comunes en las organizaciones, por ejemplo:

    • Posición competitiva en el mercado
    • Innovación y creatividad en los productos
    • Productividad, eficiencia y calidad
    • Aplicación rentable de los recursos materiales y financieros
    • Tasa de rentabilidad
    • Calidad de la administración y desarrollo de ejecutivos
    • Responsabilidad pública y social de la empresa
    • Satisfacción del cliente

Los objetivos también pueden ser ordenados de acuerdo a su importancia. Así, podemos distinguir entre objetivos de tres niveles jerárquicos:

a)   Objetivos estratégicos: abarcan la organización como una totalidad. Son globales y de largo plazo.

b)  Objetivos tácticos: son departamentales; de medio plazo.

c)   Objetivos operacionales: objetivos relacionados con actividades y tareas, de corto plazo.

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