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Chester Irving Barnard (1886-1961) supuso un importante salto cualitativo en los planteamientos admitidos en su tiempo respecto a la gestión empresarial. Aportó las ideas fundamentales para pasar de la llamada Escuela de las Relaciones Humanas a un modelo humanista o antropológico de la Dirección. Inspirado en las propuestas de Sheldon, Mayo y Parker Follet, Barnard concibió las organizaciones como sistemas de actividades conscientemente coordinadas, en las que los directivos representan un elemento clave.

Tras estudiar en Harvard, en 1909 entró en la American Telephone & Telegraph como traductor e ingeniero. Pero fue trece años más tarde, en la Pensylvania Bell Telephone, donde adquirió sus primeros conocimientos en administración general. Más tarde, y durante muchos años, ejerció como presidente de la New Jersey Bell Telephone Company. Como fruto cuajado de su larga experiencia directiva y su singular capacidad especulativa, Barnard empezó a desarrollar una avanzada teoría de las organizaciones.

Partiendo de la figura del ejecutivo como el factor más estratégico, destacó la importancia del proceso de toma de decisiones, así como sus limitaciones. Definió la organización formal como “esa clase de cooperación entre las personas que es consciente, deliberada y tiene un propósito”.

Además, señaló que la organización informal facilita la comunicación y la cohesión en la organización. Rechazó el punto de vista tradicional según el cual las organizaciones cuentan con un número definido y limitado de miembros, pues entendía que debe incluirse a los accionistas, los proveedores, los clientes y cualesquiera otros cuyas acciones incidan en la empresa y afecten a sus propósitos.

Barnard introduce la idea de la empresa como un sistema cooperativo en el que resulta clave la colaboración de todos sus miembros. Para lograrlo, debe tenerse en cuenta que una orden sólo será aceptada por quien la recibe si:

    1. la entiende;
    2. cree que es consistente con los propósitos de la organización;
    3. cree que es compatible con sus propios intereses; y
    4. puede cumplirla.

Por otra parte, el equilibrio interno de las organizaciones es el resultado del equilibrio entre las recompensas que ofrece la empresa y las contribuciones que pide a los trabajadores.

Con su obra más difundida, The functions of the executive (1938), Barnard ejerció una notable influencia en el desarrollo posterior del pensamiento empresarial. Su influencia es patente, sobre todo, en las obras de James G. March y Herbert A. Simon  (al que prologó su notable Administrative Behaviour).

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