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Resultaría presuntuoso (y falso) defender que ya hemos salido de la jungla de las teorías del management, pero sí podemos celebrar que el tiempo y el estudio nos han permitido conocerla mejor. Ahora podemos orientarnos en ella para evitar los peligros que esconde y aprovechar los recursos que ofrece.

Cabe preguntarse por qué a los ciegos del cuento les cuesta tanto ponerse de acuerdo y llegar a conclusiones consensuadas. La dificultad para definir a la empresa (para los ciegos, al elefante) se debe a dos razones principales: por un lado, a lo complejo de su naturaleza y de sus variadas formas de concretarse; por otro, porque se trata de un fenómeno social relativamente reciente sobre el que aún tenemos mucho que profundizar.

Las diversas teorías de la empresa aparecen porque sienten cierta insatisfacción hacia las explicaciones precedentes. Al igual que los ciegos, conocen las interpretaciones previas y buscan no sólo corregirlas, sino completarlas y enriquecerlas. En este sentido, se puede afirmar que hay una cierta integración entre las teorías, un progreso en la comprensión. Nuestra visión dista de ser perfecta pero resulta mejor que en el pasado. Además, aunque parciales, esas interpretaciones de la naturaleza de la empresa nos han permitido manejarnos razonablemente bien y avanzar mucho en la gestión de las organizaciones y en la creación de riqueza.

Por otro lado, crece la complejidad del fenómeno y la propia práctica empresarial no para de evolucionar y reinventarse. Precisamente el proceso de transformación que estamos viviendo demanda nuevas concepciones y herramientas.

Han cambiado los consumidores, la tecnología, los productos, los canales de distribución, los mercados y la manera de relacionarse los empleados. Nuevos mares para los que se requieren nuevos barcos. Sin embargo, muchas compañías mantienen un esqueleto jerárquico y funcional, plagado de compartimentos estanco.

Necesitamos organizaciones más flexibles, intensamente colaborativas, con estructuras móviles, rápidas, ágiles y obsesionadas con la innovación. El desafío es enorme, por eso requerimos de todo el conocimiento que se ha generado en el último siglo. La inestabilidad y la turbulencia actuales aumentan la necesidad de opciones diferentes para orientarnos e innovar con creatividad. Precisamos recursos conceptuales para analizar correctamente la situación y discernir alternativas de acción que nos ayuden a resolver los problemas emergentes.

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