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ImagenEn una entrada anterior reproduje la parábola de los sabios ciegos que se topan por primera vez con un elefante y tratan de averiguar qué es con la sola ayuda del tacto. Cada uno llega a una conclusión diferente.

Según mi parecer, se trata de una metáfora muy apropiada para ilustrar lo que nos ocurre con las numerosas teorías del management. Con ese propósito la he utilizado muchas veces en clase y tan eficaz me parece que, finalmente, ha dado título a mi último libro.

El problema no es nuevo. Ya en los años 60 se queja Harold Koontz -en un artículo significativamente titulado “The Management Theory Jungle”- del excesivo número de enfoques existentes para explicar la naturaleza y funcionamiento de las empresas. Tomado cada uno por separado parecen muy coherentes y razonables (como las descripciones de cada uno de los ciegos), pero cuando se analizan uno tras otro el lío es tremendo (como cuando los ciegos exponen sus interpretaciones de lo que han palpado). Aquí van las palabras de Koontz, como si las hubiera pronunciado hoy mismo:

 “Del ordenado análisis a pie de fábrica hecho por Frederick Taylor y la destilación de experiencia desde el punto de vista de la dirección general de Henri Fayol, hemos pasado a una situación caracterizada por una jungla de enfoques y aproximaciones al management. Por un lado está la escuela del comportamiento, nacida de los experimentos de Hawthorne y del creciente interés en las relaciones humanas de los años 30 y 40, que entiende el management como una maraña de relaciones interpersonales y encuentra en la poco desarrollada ciencia de la psicología la base para explicarlo. Están también los que ven el management como una manifestación de los aspectos institucionales y culturales de la sociología. Otros, partiendo de la observación de que su núcleo central es la toma de decisiones, ramifican desde este núcleo en todas direcciones hasta abarcar la totalidad de la vida organizacional. Por otro lado, los matemáticos explican el management como un ejercicio de relaciones lógicas expresadas en símbolos. Pero el enredo alcanza su apogeo cuando se aborda el management como el análisis de un conjunto de sistemas y subsistemas con una tendencia comprensible, por parte del investigador, a sentirse insatisfecho hasta que abarca todo el universo físico y cultural como un sistema de gestión.”

Los estudiosos de la empresa -como los ciegos- comparten lo que descubren pero eso no parece ayudar a entender mejor la realidad. No logran ponerse de acuerdo. Todas las explicaciones resultan razonables, pero ¿con cuál quedarse?, ¿cuál es la más acertada o la más útil? Al fin y al cabo, no buscamos el conocimiento por mera curiosidad intelectual, sino para aplicarlo en beneficio de una mejor dirección de las empresas.

¿Cómo orientarnos en esa jungla de teorías? ¿Dónde está la clave?

La parábola de los ciegos muestra gráficamente que cada una de esas visiones, siendo correcta en lo que descubre, yerra en la interpretación. Y no porque el elefante carezca de trompa, colmillos o cola, sino porque se generaliza una comprensión parcial. Así pues, aciertan en lo que afirman pero se equivocan en lo que dejan fuera, en lo que no tocan. Todas tienen razón y a la vez están equivocadas. Son erróneas por incompletas, no por falsas. Claro que la agregación de todas ellas tampoco parece una buena solución, pues un híbrido de árbol, soga y espada resulta un monstruo incomprensible e ingobernable.

Por otra parte, la comprensión parcial y el descubrimiento progresivo son algo característico de la manera de conocer humana. Sabemos que cualquier modelo explicativo siempre es una abstracción de la realidad y que, en buena medida, avanzamos en el conocimiento por comparación con lo que nos resulta familiar. En este caso, un muro, una serpiente, un abanico… Es decir, un elenco de realidades bien diferentes.

Estas dificultades, en lugar de desanimar a los investigadores, les han alentado a buscar explicaciones más completas e integradoras. Hoy, 50 años después de la observación realizada por Koontz, la investigación y la literatura empresarial gozan de indudable salud y continúan generando enfoques novedosos y cada vez más atinados.

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