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La Parábola de los seis sabios ciegos y el elefante, atribuida a Yalal ad-Din Muhammad Baljí, un místico sufí del s. XIII, sirve como eficaz metáfora del sucederse de teorías de la empresa que nos han sido ofrecidas en el último siglo.

He aquí una versión algo actualizada de dicha parábola:

Seis ciegos se encontraban debatiendo junto a un camino cuando por él se aproximó un ruidoso elefante conducido por un mahout. Comoquiera que los seis eran extranjeros e ignoraban el aspecto de aquél animal, se levantaron intrigados a palparlo.

El primero en llegar junto al elefante chocó contra su alto y duro costado y declaró: “¡Está clarísimo: es como un muro elevado!”

Se acercó el segundo y tocó la punta afilada y lisa de un colmillo, por lo que dijo: “¡Ya lo tengo!, ¡es igual que una espada!”

El tercero tropezó con la trompa y enseguida pudo emitir su opinión: “Largo, redondo, repelente… ¡Tiene que ser una serpiente poco común!”

Osado y animoso, el cuarto trepó por una de las patas y exclamó: “¡Qué tronco más gordo! Amigos, ¡esto es algún tipo de árbol!”

El quinto palpó una oreja y proclamó: “Queridos colegas, ¡estáis completamente equivocados! ¡Obviamente es un enorme y extraño abanico!”

Por fin, desconcertado por tales discrepancias, el sexto fue a dar con el rabo, se agarró fuerte y les espetó: “¡Vamos, vamos, ninguno habéis acertado! Tocadlo otra vez y comprobaréis que es una soga.”

Así quedaron los ciegos discutiendo largamente, sin lograr ponerse de acuerdo pues cada uno estaba muy seguro de lo que había tocado con sus propias manos. ¡Todos con una pizca de razón…, y todos equivocados!

El tacto proporciona contacto físico.

La vista, color y profundidad.

El oído, melodía.

El olfato y el gusto, sabor.

Cinco sentidos que captan lo sensible. Los cinco son necesarios. Mas para conocer la verdad, inteligencia y razón resultan imprescindibles. No bastan los sentidos, la ciencia, la experiencia, ni siquiera la universidad.

Los sabios, conscientes de sus limitaciones visuales pero ávidos de conocimiento, se apresuran a utilizar las vías de exploración que están en sus manos; nunca mejor dicho. Se levantan y buscan. Lo que encuentran es una realidad compleja, poliédrica y dinámica. Su afán de saber les lleva a compartir lo que cada uno percibe, si bien el resultado no termina de ser satisfactorio debido a la disparidad de sus deducciones.

Algo semejante nos ocurre cuando nos acercamos al variado fenómeno empresarial. Nuestras limitaciones cognoscitivas han generado un verdadero mosaico de visiones dispares y, en ocasiones, aparentemente irreconciliables. Queremos saber y entender; para ello, investigamos, reflexionamos, analizamos, comprobamos y experimentamos. Sin embargo, los hallazgos han dado lugar a teorías de la empresa fragmentarias y divergentes.

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