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Tras enumerar las barreras ambientales y las barreras personales a la innovación, les toca el turno a las que podríamos denominar barreras internas u organizativas.

Dentro de este amplio campo, cabe distinguir tres grupos más o menos definidos, si bien las fronteras tienden a ser difusas. Serían los siguientes:

Barreras “financieras” 

  1. Presión de los objetivos de corto plazo
  2. Excesivo control
  3. Obsesión por la eficiencia y la productividad (a corto)
  4. Otorgar baja prioridad a la innovación (no suele ser algo urgente)
  5. Sale caro y escasea la financiación
  6. La puesta en práctica de novedades exigiría reubicar recursos o sustituirlos
  7. Incertidumbre ante la entrada en mercados desconocidos
  8. Identificar la innovación con grandes inversiones en tecnología
  9. Rentabilidad incierta
  10. Temor a canibalizar un producto propio rentable

Barreras “culturales”

  1. Impaciencia ante la incertidumbre
  2. Miedo al fracaso
  3. Intolerancia al error
  4. Se penaliza la experimentación
  5. No existe un clima favorable a la innovación
  6. No se promueve la creatividad, incluso está mal vista
  7. Desdén hacia lo desconocido
  8. Minusvaloración de lo intangible
  9. Ausencia de reconocimiento a las mejoras

 Barreras “organizacionales”

  1. Nadie tiene la responsabilidad específica de promover la innovación, y tampoco está generalizada
  2. No se comparte información entre los departamentos
  3. Reinos de taifas con escasa colaboración
  4. Cada uno mira por los objetivos de su departamento, no por los generales
  5. Se busca consenso en las innovaciones, incluso unanimidad
  6. Foco en el corto plazo, no hay tiempo para pensar en el futuro

Con este elenco terminamos la lista -seguro que incompleta y mejorable- de posibles obstáculos a la innovación en las empresas. Sea por su causa, o por otros motivos que no he llegado a descubrir, nuestro nivel de innovación resulta lastimosamente pobre. Hasta el punto de que hace tan solo unos días leía en Expansión un dato estremecedor: a pesar de la apuesta del Gobierno, menos del 1% de las empresas españolas hace uso de los incentivos fiscales para fomentar la I+D. El redactor de la noticia concluía que “hay pocas compañías interesadas en la innovación“. En mi modesta opinión, no es cierto, pero por desgracia ese dato parece darle la razón.

¿Estamos o no estamos interesados en la innovación?

Por como está el contexto, no parece una elección.

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