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Como había prometido -hace ya algún tiempo, lo siento- enumero en esta entrada las barreras para la innovación de índole personal. Es decir, aquellas que nos imponemos o imaginamos nosotros mismos, sin necesidad de que nos las pongan desde fuera.

Como digo, es una enumeración. Allá va:

  1. Miedo al fracaso
  2. Temor a las consecuencias de los cambios
  3. Aversión al riesgo
  4. No es mi trabajo
  5. Ausencia de incentivos (profesionales, sociales, familiares, económicos…)
  6. Carencia de foco en el cliente
  7. Ausencia de reconocimiento y/o escucha
  8. No tener tiempo para pensar y para probar alternativas
  9. Considerarse una persona poco creativa o sin ideas
  10. Carecer de mentalidad abierta para aprender de otros, de la naturaleza, del mundo cultural, etc.
  11. Pesimismo o ánimo negativo que lleva a pensar que no funcionará o no nos harán caso
  12. No saber encontrar el camino para intentarlo
  13. Desmotivación en el trabajo
  14. Perfeccionismo que todo lo retrasa e impide lanzarse
  15. Escasa implicación
  16. Comodidad
  17. Impaciencia ante resultados inciertos o diferidos
  18. Tenacidad insuficiente

En mi opinión, la mayor parte de ellas parecen barreras que obstaculizan lanzarse a innovar, es decir, intentarlo, ponerse en marcha. Sólo las dos últimas resultan más propias de un proceso de innovación ya en marcha y que tropieza con obstáculos o se hace demasiado largo. 

Si nos entretenemos un poco en analizarlas, caemos enseguida en la cuenta de que todas o casi todas las barreras son de corte psicológico y la inmensa mayoría de ellas, controlables por el sujeto. Veamos. Algunas son emocionales (las tres primeras: miedo al fracaso; temor a las consecuencias de los cambios; aversión al riesgo). Unas cuantas de mentalidad (4-11: no es mi trabajo; ausencia de incentivos; carencia de foco en el cliente; ausencia de reconocimiento; no tener tiempo; considerarse una persona poco creativa; carecer de mentalidad abierta para aprender; pesimismo). Otras, actitudinales (13-18: desmotivación; perfeccionismo; escasa implicación; comodidad; impaciencia; tenacidad insuficiente). Y, por último, una que tiene que ver con las habilidades (no saber encontrar el camino para intentarlo).

Desde luego, ninguna parece a priori insuperable. Más bien lo contrario; sobre todo, si tenemos en cuenta que su fuente es interna y que, con decisión, podemos influir directamente en ella. Ciertamente, para manejar actitudes, mentalidad y emociones se necesita, primero, querer hacerlo y, segundo, control personal.

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