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Con frecuencia en las compañías nos preguntamos cómo sacar mejor partido a los recursos para la innovación con que contamos, que siempre nos parecerán pocos. Cuando disponemos de varias líneas posibles de innovación, ¿por cuál apostar?, ¿hacia dónde orientar los recursos?, ¿qué factores pueden ayudar a acertar en la elección?

Una interesante investigación (D. Tzabbar, B.S. Aharonson, T.L. Amburgey y A. Al-Laham, “When is the Whole Bigger than the Sum of its Parts? Building Knowledge Stocks for Innovative Success”, Strategic Organization 6, 4, 2008, pp. 375-406) realizada en el sector de la biotecnología nos ofrece relevantes hallazgos en este sentido. Tras analizar 843 compañías que, en conjunto, registraron más de 9.000 patentes, se llega a la sorprendente conclusión de que contar en el equipo con científicos estrella más que fomentar la innovación, la frena.

Las razones son varias. Los científicos consagrados prefieren arriesgar lo mínimo, por lo que se acogen al conocimiento ya existente en lugar de buscar nuevas ideas. Además, su recorrido personal por los senderos de la investigación ha generado muchos intereses creados que les vinculan a los procesos de pensamiento ya instalados y aceptados, lo que desincentiva la búsqueda de novedades metodológicas o colaboraciones inéditas. Ni que decir tiene que su ganada autoridad hace que su criterio de imponga sobre el de los jóvenes investigadores, por lo que se dificulta el cuestionamiento del status quo y, en consecuencia, se desaprovechan rutas alternativas de conocimiento y exploración. Este mecanismo esterilizante se ve reforzado por la dependencia que de esos científicos estrella tienen las organizaciones a las que pertenecen, tanto para atraer inversiones como para desarrollar la carrera comercial de sus patentes.

Por otro lado, en varios estudios se ha demostrado repetidamente que las alianzas con otras organizaciones promueven eficazmente la innovación, en especial si se alcanza un alto grado de colaboración. En efecto, los socios de negocio suelen identificarse como una de las fuentes más importantes de innovación, en la medida en que se logra una atmósfera de intercambio de ideas y búsqueda colaborativa de soluciones novedosas. Surgen así muchas oportunidades de negocio.

Sin embargo, también en esto debe actuarse con medida, pues el excesivo número de socios tiende a disminuir la eficacia y, con ella, la rentabilidad. En cambio, cuando los socios son pocos, se logra más foco, más compromiso y, en definitiva, mejores resultados. Al ser pocos, se facilita la coordinación entre ellos, con lo que los esfuerzos de colaboración rinden más; asimismo, resulta más sencillo detectar y evaluar las capacidades y recursos de las otras organizaciones; y, por último, aumenta el compromiso de cada socio, lo que disminuye la incertidumbre y genera un ambiente de mayor intercambio de conocimiento específico. Todo ello redunda en un mayor grado de innovación y una mejor comercialización de los productos o servicios derivados, que se traduce con notable frecuencia en éxitos comerciales.

Ahora bien, ¿qué significa exactamente “pocos” cuando se refiere a colaboración para innovar?, ¿cuál es el número ideal de socios? Casi la propia formulación de la pregunta lleva implícita la respuesta: no parece que vaya a haber tal número ideal. Apple, que es tenida por una de las firmas más innovadoras y exitosas del planeta, cuenta con numerosos socios. Para contrarrestar los posibles efectos negativos, elige muy cuidadosamente con quién se alía y establece con claridad qué tipo de compromiso se contrae. En realidad, lo importante no es tanto el número de socios en sí, sino la capacidad de coordinarse y la calidad de la relación. En este sentido, a veces convendrá disponer de un árbitro externo especializado que garantice una colaboración flexible y permita a los socios centrarse en lo que mejor saben hacer.

En cualquier caso, la crisis ha puesto de manifiesto que el foco en la innovación resulta un elemento crítico, pues ha demostrado que es el principal motor de los beneficios futuros. Por otra parte, a muchas empresas el contar con buenos socios de negocio les está ayudando a mantener el rumbo en medio de las turbulencias. En definitiva, innovación sí; y si es con otros, mejor aún.

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