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Resulta realmente curiosa y sorprendente la novela de Arto Paasilinna titulada La dulce envenenadora, al menos a mí me lo parece. Claro que se puede deber a que –si no estoy equivocado- es la primera vez que leo a un autor finlandés. Un tipo interesante el tal Paasilinna. Según se cuenta en la solapa de la cuidada edición de Anagrama, ha sido periodista y poeta, pero también la versión moderna de lo bucólico y pastoril, es decir, guardabosque.

Al parecer, se trata de un autor de extraordinario éxito en su país y muy popular gracias a su sentido del humor. Por cierto, esta solapa me da la pista de por qué me ha resultado sorprendente: no se debe a su nacionalidad, sino a su “humor original y su capacidad de contar de la manera más cómica las historias más desconcertantes”. Si bien la manera de expresarlo es algo complicada, la descripción cuadra muy bien con este libro. Imaginativo y original desde luego es. ¿Cómo explicarlo sin atropellar la sorpresa de la lectura? Alguien lo ha clasificado como un cruce entre La naranja mecánica y Arsénico por compasión. No estoy muy seguro de que semejante híbrido describa fielmente la obra, pero sirve para hacerse una idea de por dónde van los tiros. En efecto, la protagonista es una simpática e indefensa abuelita que se ve obligada a hacer frente a una banda de gamberros descerebrados.
No obstante, Paasilinna va más allá de la ficción cómica y se adentra con fuerza en la crítica social. La trama va desgajando de manera descarnada los aspectos menos agradables de la sociedad actual: la falta de respeto hacia los ancianos, su abandono, así como una juventud libertina y carente de capacidad de sacrificio que malgasta su propia vida. Desconozco si son estos los problemas más característicos de la Finlandia de nuestros días, pero desde luego chocan con lo que nos han hecho creer al alabar reiteradamente su sistema educativo.
En definitiva, humor original e inteligente en una narración muy bien construida.

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