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He terminado La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa. Magnífico. En él la elegancia literaria compite con la elegancia matemática. Un admirable duelo. Pero no sólo eso, los pocos personajes que intervienen tienen tal hondura y humanidad que uno se queda prendado. Una lectura altamente recomendable; para mí ha sido un descubrimiento, hasta el punto de que me hace desear acceder a otras obras de la autora, como El embarazo de mi hermana.

Otra agradable sorpresa ha sido la editorial, Funambulista, que no conocía. La novela está editada con primor; los detalles están muy cuidados. Su infrecuente tamaño la hace más cómoda y manejable que lo ordinario, y las tapas -aunque quizá poco resistentes- resultan sumamente agradables a la vista y al tacto.

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Debo reconocer que me ha encantado la explicación del nombre elegido para la editorial: “Quizá el vértigo no sea el problema, sino la solución a la condición humana; fijémonos en el funambulista, que, en palabras de Roger Caillois, ‘sólo logra su objetivo confiando en el vértigo y no intentando resistirse a él”.

Parece que ya hay versión cinematográfica. De momento, creo que sólo en japonés:

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